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Recordando mis clases de manejo

Hoy vi a un muchacho en un autoescuela circulando por el periférico con esa mirada fija al frente, ¿ya saben? Esa mirada entre miedo, expectación, emoción y más miedo. Ambas manos al volante y cada movimiento logrado con una precisión insegura, la primera vez en el tráfico. Este joven me ayudó a inspirar el tema de hoy llevándome a una etapa similar hace ya catorce años.

Recuerdo perfectamente el día en que tomé mi primera clase de manejo, se veía tan fácil, que yo creí que iba a estar metido en la carretera desde el primer día, con la actitud de Michael Knight en su “auto increíble” (recordarán aquella serie en la que el carro manejaba solo, hablaba y hacía brincos espectaculares a grandes velocidades).

Sin embargo la realidad fue completamente diferente, tras tomar mi democrático pesero para llegar a la escuela, me recibió un maestro particularmente chistoso idéntico a “Juan Topo de los Simpson“, que era más lujurioso que Brozo, es decir una combinación bastante extraña, éste me llevó al vehículo que nos asignaron.

Había dos vehículos estacionados fuera de la oficina, un Volkswagen Sedán muy dañado y viejo y un Nissan Tsuru mucho más reciente, ambos con el emblema de la escuela de manejo, y yo automática y mecánicamente me dirigí a la portezuela del conductor del Nissan, mientras que “Juan Topo” hacía lo mismo en el Volkswagen destartalado, mientras me gritaba “¡Es en éste!”.

Resignado subí al lugar del copiloto y fuimos a unas calles atrás de la avenida principal, donde empezó mi clase teórica de más de cuarenta minutos de qué es el volante, qué es la palanca de velocidad, que es el embrague, que es el acelerador y el freno y al terminar tomó de nueva cuenta el volante y nos dirigimos de nuevo a la escuela. ¡No manejé ése día!

Imaginen mi frustración al no haber siquiera tocado el volante de aquel vehículo por más viejo que fuera, sólo escuché de las ocho y diez de la mañana a las ocho cincuenta la teoría de la vuelta a la derecha y la opinión de Juan Topo sobre cada muchacha que pasaba delante de nosotros.

Al siguiente día ya me enseñaron a prender y apagar el coche y así corrieron los días hasta que al fin pude empezar a practicar el mover el carro, sin embargo mi primer día en Periférico si lo viví como un suceso totalmente grandioso, no importó que fuera un “Vocho” todo destartalado, en ese momento fuimos mi “Auto increíble” y yo.

Es por eso que hoy al ver a este joven, tras una semana de clases en las que la salida al Periférico es como la graduación en todas las escuelas, recordé ese suceso en mi vida y al pasar junto al joven nuevamente, le toqué el claxon y le levanté el dedo pulgar en señal apoyo, situación que no debí de haber hecho pues el muchacho volteó apenas de reojo, y en eso tras unos tosidos mecánicos su carro se apagó.

Definitivamente recordar es volver a vivir, yo los invito a reflexionar en un momento similar y que lo compartan con nosotros dejando su comentario en esta entrada.

Mi Análisis Realista del día de hoy es: Las experiencias de vida son tesoros que forman recuerdos, sólo por hoy, dense a la tarea de recordar algo agradable de hace más de cinco años, verán cómo han cambiado.

Omar Carreño

9 Comments

  1. O.C.

    Vaya que el personal docente de la clase automovilista es tan sui géneris.

    A mí me tocó un sujeto curioso. Circulamos en una caribe totalmente desalineada. Podías dar una vuelta a la derecha sin siquiera tocar el volante. De verdad curioso.

    Cabe mencionar que cualquier error en la dirección del coche era achacado a mí y sólo a mí. Después de unos días en clase, con su cotidiano regaño, decidí decirle al tipo en cuestión “a ver mi estimado, pa empezar no me hables golpeado y pa terminar primero ponle gasolina a tu ranfla y arréglale la dirección. Después de que hagas eso, vienes, me evalúas y si la cago regáñame cuanto te venga en gana”. No dijo nada el cuate, digamos que mi enojo no le impuso demasiado, pero sin duda alguna sabía que tenía la razón.

    La verdad no sé si en algún momento me evaluó, pero obtuve mi licencia poco después.

    A mí no me impuso tanto entrar a periférico, tal vez por que me sentía seguro andando a mi súper velocidad de abuelito y en el carril de baja.

    Aunque mi experiencia durante éstos cursos no fue nada extraordinario, sí tuve varios percances considerablemente fuertes. Y como esos autos eran de mi papá, la culpa me duró muuucho tiempo.

    Saludos a todos, un abrazo.

    Jesús.

    • Mi amigo Jesús,

      Me ha parecido sumamente gracioso tu comentario, porque aparte te imagino perfecto, desesperado, frustrado y enojado con el instructor, sin embargo sirvió porque a final de cuentas te dieron tu licencia a lo que tenemos que especificar que ya no importó la forma sino el resultado ¿no crees?

      Yo creo que todos hemos vivido también los percances propios de los accidentes autovilísticos que por pequeños que sean son de los más dolorosos, porque normalmente tienen su origen en un breve momento de distracción.

      Mil Gracias por tu comentario amigo.

      Saludos

      Omar Carreño

  2. Hola Omar,

    Mientras leía tu artículo no he dejado de recordar como fueron aquellas clases prácticas de conducir.

    En la primera práctica lo primero que me explicó el profesor fue la forma H de las marchas, donde estaba el freno, acelerador y embrague.

    Algo que ahora hago mecánicamente sin pensar, era entonces todo un trabajo. Mirar por el retrovisor antes de frenar, embragar y por último frenar. Y bueno que me dices de cuando te decía cambia de carril. Menudo lío.

    En fin, cuando empiezas a aprender cualquier cosa parece muy complicado y que nunca serás capaz, pero pasa el tiempo y se convierte en una tarea inconsciente, la realizas con el piloto automático y todo parece muy fácil.

    Esto mismo tenemos que conseguir con nuestras finanzas, llegará el día en que pondré el piloto automático y todo irá solo. !Qué felicidad!

    Un saludo.

    • Hola Inma,

      Definitivamente el iniciarnos con nuevas actividades que logramos convertir en aprendizaje en base a la práctica es una situación que normalmente llegamos a olvidar muy fácilmente, a mí por eso me asombró tanto lo de hoy, pues creo que conforme va pasando el tiempo nos vamos olvidando del esfuerzo que nos costó conseguir algunas cosas importantes en nuestra vida en su momento.

      Definitivamente que con las finanzas es igual amiga mía, fíjate que antes yo apuntaba en mi teléfono celular todos los gastos que hacía, para después pasarlos a mi control de gastos, hoy puedo decirte que tengo la capacidad para recordar exactamente de cuánto dinero dispongo, cuánto he gastado y cuánto puedo gastar sin necesidad de anotar todo en el momento, eso para mí es un gran avance en mi control financiero.

      Te mando un gran saludo desde México.

      Mil Gracias por tu comentario.

      Omar Carreño

  3. Omar, yo no tuve la fortuna de tomar clases de manejo, a mi me tocó agarrar el carro y a darle, obvio después de un golpe de reversa, cientos de jaloneos por una mal sacada de clutch y varios claxonasos por las calles aprendí a manejar.

    Recordar lo anterior también me hace pensar en mis tiempos en la secundaria y en la preparatoria, que aunque todos los momentos de mi vida han sido únicos, éstos los recuerdo con especial cariño.

    Los maestros, los examenes, las fiestas, la primera borrachera, las novias: !cuántas cosas tan afortunadas viví¡ y otras no tanto pero que siempre me dejaron un aprendizaje.

    Como bien tú dices, haciendo este ejercicio me sorprende el cómo he cambiado, y no solo yo, sino todos aquellos amigos que desde entonces no había vuelto a ver y con los cuales precisamente hace unos días conviví.

    Hemos cambiado físicamente (menos cabello algunos, mas kilos otros, etc.), también hemos madurado increiblemente (algunos casados, unos profesionistas, otros más exitosos que unos) pero creo que algo se nos quedó muy en el fondo: la sonrisa y el alma de jóvenes adolescentes que creo yo es la parte del alma que no envejece.

    !Gracias amigo por hacerme recordar!

    • Mi querido Luis,

      Sinceramente contigo logré el principal objetivo de esta entrada, ya que al recordar un evento aislado nos transportamos inconscientemente a un cúmulo de eventos de la época en la que ocurrieron y eso nos permite volver a vivir distintos momentos y sensaciones que en muchos casos determinan la forma en la que nos desenvolvemos hoy en día.

      Aunque si es sorprendente el cambio físico en muchas personas, en mi caso, estoy en proceso de bajar muchos kilos que gané durante lo últimos años y pues lento, lento pero ahí voy.

      Me dio mucho gusto conocer tus experiencias, sinceramente mi reencuentro no fue tan grato porque todo mundo me dijo: “¡Qué gordo estás!” Fue frustrante aunque cierto.

      Mil Gracias por tu comentario.

      Saludos

      Omar Carreño

  4. ¡Hola conductor Omar!

    Yo no tome lecciones de manejo, lo que he aprendido es por observación, lectura y práctica. Valga una sola anécdota al respecto.

    Un joven Walker de 17 años, que aprovecha la ausencia de su tia para sacar a dar la vuelta su Ford Monarch verde.

    Día uno (o más bien noche) es de dar la vuelta a la manzana, ver como funciona lo del freno, el acelerador, marcar vuelta, mover espejos y moverle a la radio para encontrar la música más inspiradora para mi actividad clandestina, porque ha estas alturas ya diserniste que esto lo hice sin el permiso de mi tia.

    Dia dos es de andar lento por el barrio (zona centro de la ciudad de Ensenada, que en el ’82 era aún tranquilo sin tanto tráfico como ahora) y seguir adquiriendo experiencia y darme cuenta de lo fácil que es esto de la manejada.

    Dia tres, Walkercito decide salir a recorrer la avenida Reforma, porque ya me di cuenta de lo chucha cuerera que soy para la chafireteada, llego hasta el monumento a Juarez que se encuentra al centro de una glorieta, decido dar la vuelta a la santa glorieta, me desespera un taxi, decido acelerar para rebasar y … si, perdí el control, me subi a la banqueta (60 centimetro de altura), choco contra el semáforo, el cual sale graciosamente disparado a 20 metro de su lugar y cae sobre la avenida Cortes.

    ¿Que paso? Lo obvio, la inexperinecia y el engreimiento en mis supuestas habilidades me llevaron a ser imprudente. Los únicos daños que cause fueron el auto de mi tia y el semaforo. Gracias a Dios este último no le pego a nadie (en la esquina había gente esperando el camión) ni a ningún otro vehículo. Lo que paso después, queda para una entrega posterior.

    Yo apoyo el que se invierta en las lecciones de manejo… sale más barato que un carro y un semaforo.

    ¡Saludos desde aca!

    • Mi estimado RA,

      ¡Qué nivel de anécdota mi amigo! En verdad nunca imaginé que hubieras hecho algo así, sinceramente yo siempre fui muy tranquilo, al contrario de mi hermano que se robaba el carro desde los 16 años.

      Sin embargo desde el momento en que traes un vehículo te vuelves parte de todo esto y pues yo también he sufrido mis percances, pues el primer día que saqué el carro ya sólo y libre también le di su golpezote al carro y ya sabrás yo ya vivía mi tragedia griega y no me veía manejando nunca más y mi papá me obligó ese mismo día a darle una vuelta rápido y pues agradezco que lo haya hecho.

      Te mando un gran saludo desde hasta acá.

      Mil Gracias por tu comentario y tu experiencia.

      Saludos

      Omar Carreño

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