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No gracias, no quiero su promoción

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Como Minimalista estoy expuesto a que me miren raro y que la gente se extrañe por algunas de mis decisiones consumistas, hace unas semanas fui a comprar algunas cosas a la farmacia, entre ellas un gel antibacterial para las manos, sin embargo los dependientes no querían vendérmelo porque la máquina registradora les marcaba que  venía en “promoción” en la compra de una caja de “curitas”.

La verdad de las cosas es que no necesitaba dichos curitas porque en casa ya contamos con ellos, además que el precio de la “promoción” triplicaba el costo que yo sabía de mi gel antibacterial, porque aparte era en la compra de la caja grande de banditas, si yo solo quería un gel.

Cuando les dije que no quería la promoción, pareció como si les hubiera cambiado todo su esquema, me vieron sorprendidos y me contestaron:

Es que así nos lo da el sistema”.

Tranquilamente y acostumbrado a esta situación les dije:

No importa solo carga el producto manualmente y ya te aparece el costo del gel

Entonces vino la siguiente replica de mis interlocutores con cara de súplica:

Es que señor, le conviene, la promoción dice que se lleva GRATIS (lo pongo en mayúsculas para enfatizar el tono con el que me lo dijo el pobre empleado de la franquicia farmacéutica) el gel antibacterial en la compra de los curitas”.

Y vino mi respuesta cruel, horrible y minimalista:

Muchas gracias, si entendí, pero es que no necesito los curitas, solo el gel, pero muchas gracias, si lo teclea manual le aparece el costo unitario del gel”.

El pobre muchacho decepcionado de la vida y de todas las cosas que su capacitación y entrenamiento como dependiente farmacéutico le habían enseñado, se dispuso a buscar el código del gel de manera manual y cuál fue mi sorpresa, que el costo real estaba en una verdadera promoción y que el valor de su promoción no triplicaba el costo sino que con los precios ajustados quintuplicaba su precio, es decir el gel me costó una quinta parte del valor de la caja grande de curitas.

¿A qué quiero llegar con esto? No debes caer en todas las promociones que te hagan, si no son lo que tú necesitas ¿Para qué gastar en algo que no requieres? La verdad de las cosas es que una oferta o una promoción realmente lo son hasta que lo que se oferta se necesita.

Aquí no quiero que te enfoques exclusivamente en materia de costos, este es un ejemplo reciente y el valor no es elevado, sino que muchas veces por vergüenza, por terminar nuestras compras rápido y por aceptar las “promociones” nos vamos llenando de cosas que no necesitamos.

Debemos entender que nosotros sabemos lo que necesitamos no caigamos en todos los trucos consumistas, se imaginan ¿en cuánto tiempo me hubiera terminado dos cajas grandes de curitas? (En casa tengo una) A menos que me juntara con “Edward Manos de Tijera” no lo veo muy necesario.

¿Me afecta en algo tenerlos? No, pero imagínate si en este momento tu mentalidad se limita a aceptar cualquier cosa, entonces no podrás controlarte ante escenarios más grandes.

Mi Análisis Realista del día de hoy es: Una oferta lo es hasta que lo que se oferta se necesita, no caigas en todos los trucos publicitarios y aprende a valorar realmente las buenas promociones.

Omar Carreño

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3 Comments

  1. Hola Omar, algo parecido me pasó el otro día.

    Voy a comprar pollo a l’ast. Desde el primer momento, me ofrecen la promoción de medio pollo + 6 croquetas + alioloi. Es una combinación horrorosa para mis gustos, pero me dije que le daría las croquetas a mi marido y yo me prepararía medio tomate con orégano. Acepté, pero le dije que quería patas y no pechuga “Ah, te tengo que cobrar 1 € más” ¿perdón? OK, tengo hambre, dáme patas.

    Cuando me va a dar el aioli, le digo que no lo quiero. «Pero viene en la promoción». No importa, prefiero no llevarlo porque no lo consumo. ¿mayonesa, ketchup? No, gracias, tengo limón en casa.

    ¿Cómo teminó todo? La promoción más la elección de las presas me hubiera salido 9,50€, pero el chico me terminó cobrando 6€. «Te cobro solamente el pollo y te regalo las croquetas». La verdad es que tendría que sentirme indignada porque me querían timar, pero bueno, teminé pagando lo que yo creía que tenía que pagar.

    Un saludo.

  2. Muy buen artículo. Yo también pienso lo mismo, no se debe ser minimalista sólo con las cosas que pagamos, eso sería ser ahorrador y no minimalista. Además las “promociones” no siempre suponen un ahorro.
    Yo vivo en una gran ciudad, y continuamente me veo rodeada de “promociones” y de cosas gratis. Y es sobre todo con estas últimas con la que la gente se siente más extrañada cuando las rechazo, porque es GRATIS. No entienden que rechace una lata de una conocidísima marca de refrescos cuando me la ofrecen gratis en la puerta del metro. Pero yo no consumo esa marca, ¿para qué iba a aceptarla?
    Incluso me siento molesta cuando al recibir mi compra del supermercado me incluyen “regalos” de productos que no consumo o de artículos que no necesito.
    Y luego están las ofertas de la 2ª unidad por sólo un céntimo. En algunos artículos de uso frecuente sí que la aprovecho, pero si un bote de especias me dura más de un año, realmente no quiero un segundo por mucho que sea casi gratis.
    Un saludo

  3. Me encanto tu artículo. Es una práctica muy común el echar el sentido común por la ventana y adquirir solo porque está en promoción. Es importante saber lo que se necesita y limitarse a ello. Aquellos que llenan su vida de cosas se encuentran con la necesidad de cuidarlas, limpiarlas, administrarlas y almacenarlas. Demasiado si no es algo que necesitas o no te causa ninguna dicha o satisfacción.

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