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Aprendiendo a Trabajar 4 – No pierdas el objetivo

 

“La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho.”

Jonas Edward Salk

Esta serie me ha resultado más interesante de lo que imaginé, me está llevando a lugares y momentos muy interesantes de mi pasado, experiencias que viví o que tuve la oportunidad de observar, creo que está resultando muy útil también, pero no puedo dormirme en mis laureles y tengo que dar un poco más.

Ya hemos hablado mucho de la actitud, sin embargo, cada situación es específica y particular, por eso debemos cambiar nuestra mentalidad ante el trabajo, evitar errores que nos cuestan muy caro después, ya que la sensación de ser “relegado” por nuestra carencia de profesionalismo o incluso de ser despedidos puede ser devastadora para cualquiera.

Pues bien, para muchos es muy evidente que el trabajo es un aspecto complejo, nos obliga a levantarnos a cierta hora, acudir a él, cumplir con nuestras obligaciones y muchas otras cosas más, normalmente es una interacción constante con otras personas de distinta ideología y forma de pensar a la nuestra, pero ¿saben algo? Es una forma de sentirnos vivos y útiles.

Tal vez con el paso de los años es como nos vamos dando cuenta de en qué aspectos somos más diestros y en cuáles no, también vamos definiendo muchos gustos y preferencias, lo cual nos va orillando a encontrar mejores rumbos, sin embargo hay que ser conscientes que todo está determinado por nuestras decisiones, sean estas buenas o no, por lo tanto hay que tomar y recordar todo el tiempo lo siguiente: Estamos vendiendo nuestro tiempo y nuestras habilidades por una retribución económica.

Muchas veces vemos condiciones desiguales, nos fijamos mucho más en lo que le dieron al de al lado, si se lo merece o no, si nos hicieron alguna “trastada” o algo que realmente nos afecte, lo malo de todo esto es que olvidamos que estamos haciendo esto por una retribución, misma que aceptamos al momento de recibir el trabajo y eso se nos olvida.

Hace unos años (nueve para ser exactos) en mi segundo trabajo como pasante en Derecho llegué a un puesto en el que tenía una oficina muy bonita, de hecho demasiado para mi nivel de estudiante, yo ya me sentía en las nubes, era una pequeña cabaña en el patio trasero de una gran casa, sin embargo mi desempeño no era tan bueno y tampoco mi actitud.

Me esforzaba tanto por “encajar” que me olvidaba mucho de trabajar, era un mundo nuevo para mí, muy corporativo, pero las oficinas estaban en una casa. Resultó que un buen día el Jefe y dueño del despacho tenía que “acreditar” que había gente viviendo en la casa y que no era de uso laboral pues los vecinos comenzaron a quejarse por nuestros vehículos estacionados por la calle.

Así que mi cabañita fue “transformada” a casa – habitación en cuestión de un fin de semana, y el lunes que llegué cuál va siendo mi sorpresa que mi maravillosa oficina ya no existía. Habían sacado todo y me habían reubicado a un nuevo lugar que no tenía nada que ver con mi oficina.

Por lo mismo fui a hacer un airado reclamo al encargado de recursos humanos, quien había tenido que sacrificar su fin de semana para realizar las adecuaciones que le estaba pidiendo el Jefe a raíz de la petición de la “Delegación”.

Les comparto que obviamente ya no me restituyeron nunca mi cabaña y también que a la postre fui despedido de ese trabajo, pues nunca capté la esencia del despacho y tampoco me puse la camiseta, como pasante me sentí abogado y ese fue mi gran error, dejando pasar una gran oportunidad.

Como el hubiera no existe tomé las mejores lecciones de este lugar, aprendí que hay que “ponerse la camiseta”, aceptar que a uno lo contratan para hacer un trabajo, no para socializar y sobre todo que el lugar en el que esté no me define y si se requieren cambios son decisiones administrativas y uno se tiene que adecuar.

El objetivo de tu trabajo es cumplir con lo que se te contrató para hacer a cambio de una remuneración económica, todo lo demás es superficial y no es parte del trato, como decía Bill Gates en la cuarta de sus Once Reglas:

Regla cuatro: Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida.

Todo esto ha sido un gran aliciente en mi vida, a partir de ahí busco seguir mejorando, en algún artículo de la serie compartiré las razones “oficiales” por las cuales salí de ese despacho, pero lo que sí es que aprendí muchas cosas y nunca olvido las lecciones aprendidas.

Mi Análisis Realista del día de hoy es: En el momento en que reconoces que tú decides el trabajo que quieres tomar, las condiciones que impone, aceptas las reglas del lugar y te empapas de la situación todo fluye más fácilmente. Nadie te obliga a estar en un lugar que no te gusta, es tu decisión y puedes cambiarla cuando quieras.

Omar Carreño

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Fotografía de Stock.XCHNG

4 Comments

  1. Me identifiqué mucho con este post, yo también soy abogada y en los inicios de mi carrera, trabajé en lugares maravillosos por el nivel de los despachos, por sus instalaciones, por los clientes, pero sin embargo, como dices, lo que me faltó fue actitud, incluso en este trabajo en el que ya llevo nueve años, siete fueron muy dificiles, debido a que mi actitud era horrible, tenía actitud de víctima y obvio lo que yo quería lograr no lo conseguía, el día que mi actitud cambio, como por arte de magia, llegó un nuevo jefe y por fin el reconocimiento, salario al doble y muchas satisfacciones¡ Actualmente soy totalmente feliz en mi trabajo, obvio hay muchas personas a mi alrededor con muy mala actitud, sin embargo al día de hoy, me afectan lo menos.

    Recibe mis más sinceros saludos

    Sheik

    • Hola Sheik,

      Primero que nada quiero darte la bienvenida a este Análisis Realista, me emociona mucho conocer nuevos lectores que gusten del trabajo que estoy realizando.

      Fíjate que yo creo que la “magia” como la llamas es esa energía positiva que nosotros traemos y que permite que las cosas sucedan, el cambio de actitud nos ayuda a quitar esa venda negativa, créeme que algo similar me ocurrió aquí también, acabo de vivir unos cambios tan positivos que me ayudaron a valorar de manera distinta mi trabajo.

      Hoy me siento tranquilo y “como por arte de magia” estoy viajando más y viendo a mis amigos y siento que trabajo “mejor”.

      Son las cosas que hay que valorar.

      Mil Gracias por tu comentario,

      Saludos,

      Omar Carreño

  2. Hola Omar, muy valioso tu post; hace algunos años yo estaba en la misma situación, no comprendia que me habia yo contratado para hacer un trabajo y que este incluia situaciones que no estaban reflejadas en un contrato; obvio siempre me quejaba y no avanzaba. Caí en cuenta de esto y ahora tengo el trabajo al que siempre aspire. Tambien reconozco que esto no es cuestion de edad.
    En esto momentos tengo un colaborador (tiene la misma edad que yo) y presenta el mismo comportamiento, creyendose victima de todos; desplazado y queriendo siempre inspirar lastima; eso si,exige todos los beneficios (de hecho por lo que me he notado, toda su vida laboral ha sido así); hoy me toca ayudarlo y hacerle ver que su actitud es el primer muro que debe derribar para que su situación cambie; espero lograrlo.
    Gracias por esta lectura tan enriquecedora; un abrazo.Gabo73

  3. Todos en algún momento hemos sido un mal empleado o mal proveedor… en unos el precio es que te despiden y los otros algo equivalente en la esfera: nunca te vuelven a contratar.
    Una vez leí una recomendación de un cuate que me pareció la mejor: “con Perenganito no es fácil trabajar, es ¡facilísimo!”… quién no quisiera trabajar con ese Perenganito!

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